Ayurveda, una medicina ancestral para la vida cotidiana

Ayurveda significa “el conocimiento de la vida” (ayur-vida y veda-conocimiento), y es una disciplina que se ocupa de la salud a través del cuerpo, sus hábitos y necesidades según la constitución específica de cada persona. El ayurveda proviene de los vedas (cultura “primitiva”), antiguos compendios de conocimiento provenidos de la filosofía Samkhya, de donde también proviene el yoga preclasico y el yoga clásico (los más antiguos). Ayurveda es un complejo sistema medicinal, por lo tanto no se limita únicamente a una disciplina que estandariza recetas, sino que se ocupa de la especificidad de cada situación y de cada persona, lo cual la hace una de las medicinas más integrales y holísticas. Incluye el entendimiento de la combinación de los principios universales de los 5 elementos (tierra, agua, fuego, aire y espacio) en cada ser humano, en cada alimento, en el medioambiente y las estaciones, etc. Por lo tanto, podemos decir que se ocupa de la nutrición, la fitoterapia, e incluye terapias de depuración, masajes, gemoterapia, cromoterapia, psicología, entre otras. Los grandes maestros de ayurveda dicen que es necesario entender primero esta ciencia para poder experimentar las prácticas de yoga y de tantra, y esto tiene un profundo sentido. El ayurveda sienta las bases de un cuerpo saludable para que la energía que se mueve a través del yoga y del tantra, fluya libremente por el cuerpo y sistema nervioso humanos. De otra forma, estas prácticas podrían agravar estados emocionales, corporales o mentales que se encuentren en desequilibrio.

El ayurveda es una ciencia nacida en la antigua India, hace más de 5000 años. Su filosofía es muy hermosa y su aplicación, totalmente práctica. Considera al ser humano como un ser integral: cuerpo, mente, emociones y espíritu son considerados como uno. A lo largo de la historia, las culturas han querido entender al ser humano de diferentes maneras, y queda en nosotros decidir cuán válidas o accesibles nos resultan. Muchas de ellas son formas de comprensión sesgadas, ya que no evalúan la individualidad de cada ser y, además, analizan o tratan a las distintas “capas” de nuestra existencia de forma separada.

Bajo los principios de los cinco elementos de la naturaleza (agua, fuego, tierra, aire y espacio -traducido como “éter”-), nos cuenta cómo estos elementos están presentes en todos los seres vivos, en la naturaleza y en los alimentos que consumimos.

Cada elemento tiene características específicas y se representa a nivel físico, mental y emocional en su forma particular. Todas las personas estamos formadas por los cinco elementos, pero algunas personas manifiestan ciertos elementos en mayor medida que otros. Por ejemplo, una persona con una contextura física y ósea grande, según el ayurveda, tiene una predominancia de los elementos agua y tierra. Quienes tienen intelectos agudos, son perfeccionistas y son fácilmente irritables, tienen predominancia de los elementos agua y fuego. En aquellas personas con mucha creatividad pero con poca capacidad de concreción, los elementos aire y espacio son los que se manifiestan por sobre los demás. El fin de este conocimiento es comprender nuestras tendencias psicofísicas y energéticas, y darnos herramientas para poder gestionarlas, con el fin de aprender a equilibrarnos.

Profundizar un poco más en este entendimiento nos puede ayudar a conocernos mejor a nosotros mismos, y comprender que hay cuestiones que pueden cambiar y otras que no. Un ejemplo de aquello que no puede modificarse vendría a ser la constitución de nuestros huesos, nuestra complexión ósea. En cambio, nuestro sistema metabólico sí puede sufrir alteraciones en las diferentes etapas de desarrollo sexual (adolescencia, embarazo).

El ayurveda es una ciencia muy intuitiva. Es una invitación a conectar nuevamente con la naturaleza y el autoconocimiento, que muchas veces dejamos de lado. Estas líneas son un llamado a ahondar un poquito más en este entendimiento milenario y simple, que nos puede devolver las herramientas para sentirnos saludables, plenas. Es interesante reconocer cómo la naturaleza se expresa a través de nosotras, de diferentes maneras, con diferentes intensidades, rememorando la belleza de la diversidad y convocando, una vez más, nuestra sabiduría interna.

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