Integrar Yoga y Tantra

Recorrido por estas disciplinas y su función en conjunto

El yoga requiere esfuerzo. Se necesita mucha voluntad para emprender este camino. Nuestra mente occidental y nuestra socialización no están muy alineados con este tipo de práctica y por ello, para algunas personas, es difícil interiorizarse y sostener estas prácticas. Pero tenemos ciertos mandatos sociales «tradicionales» que claman que el desgano no es beneficioso, que tenemos que disciplinarnos. Esta misma voz dice que procastinar está mal, que tenemos que enfocarnos en lo que verdaderamente son nuestras responsabilidades o nuestros destinos. Pasar los días sin hacer nada no está bien visto y tenemos que diagramar pautas para cumplir con nuestros objetivos. El camino del yoga puede ser una respuesta a la inercia, para ordenarnos, subir nuestra energía y lograr nuestros propósitos. El yoga propone métodos, posturas, técnicas de respiración, meditaciones, visualizaciones, diferentes prácticas para equilibrarnos, diferentes rituales para armonizarnos, cantos, etc… que nos van llevando a hacer que nuestra energía y claridad mental sean mayores, y podamos cumplir nuestros objetivos.De alguna manera, el postulado de yoga es: Lo que «hay», está mal. No somos perfectos así como somos, tenemos que pulirnos, esforzarnos y mejorar. Trascender nuestra mente limitada llena de basura.

¿Por qué quisiéramos trascender?

El yoga responde que nuestra mente está llena de creencias. De apegos que nos atan: Apego al pasado, por lo tanto surge la queja. A nuestra mente le cuesta mucho estar en el presente. Es muy común, por ejemplo, pensar en el futuro y que ese pensamiento produzca ansiedad y miedo. El cuerpo se enfría cuando tenemos miedo; la respiración se acorta o entrecorta y esto afecta a nuestro sistema inmunológico. Si me apego demasiado a alguna situación del pasado, en donde -por ejemplo- se aloja algún rencor, ese sentimiento o emoción de «bronca» calienta nuestro organismo. Por eso decimos «estoy caliente», cuando estamos enojados. Como consecuencia, el cuerpo se ve afectado por esta subida de temperatura, y el sistema inmunológico usa de su energía para compensar este calor. Si el cuerpo, que es lo más burdo (materia), está afectado por las emociones constantemente, la energía vital está ocupada en resolver estos emergentes y no está disponible para crear hacia adelante. Entonces el yoga propone las prácticas que propone para trascender las emociones y la mente e ir más allá de estas limitaciones que nos generan.

Para el Yoga, la mente es Maya. Es decir, todo lo que percibe la mente es ilusión. «Maya», en sánscrito quiere decir ilusión. Lo que la mente percibe no es La Verdad, porque ésta no puede ser percibida por los sentidos, ni tampoco dicha por las palabras. Por lo tanto, si nos medimos con esa vara, todo lo que percibimos «no es verdadero», porque no es total. Esta visión del yoga es un poco rígida, pero podríamos decir que, según la forma que tiene el Yoga de trabajar nuestro interior, sirve para cuestionar algunas creencias que están fijadas y también para romper con la inercia. En sánscrito, inercia es la palabra para el concepto de “Tamas”. Refiere a que muchas veces en el cotidiano damos cosas por sentado, o tenemos momentos donde la mente cae en estados de hipoactividad, de apatía o insensibilidad. Estos conceptos de Maya y Tamas, tienen la función de hacernos tomar consciencia para sacudir la mente, sacar al individuo de ese lugar y que se cuestione: ¿Qué es real?

Las prácticas que hoy en día llamamos «Yoga» surgen en lugares muy inhóspitos y de mucha soledad. Tenerlo en cuenta es un buen ejercicio para entenderlo como modo de vida, de cierta supervivencia. De dónde viene, bajo qué circunstancias apareció la necesidad de implementarla, hacia qué lugares del cuerpo y la mente apunta. Luego el yoga más tradicional o más clásico empieza a funcionar en lo que se llaman gurukulas o ashrams, que significaba vivir con el maestro. Primero aparece la convivencia con un maestro para aprender lo que él podía transmitir. Y como se fueron formando comunidades, varias personas querían aprender esos saberes, entonces surgieron los ashrams; se armaron comunidades en torno a un maestro o una maestra y se iba aprendiendo en la cotidianidad.El yoga cree y propone que hay que luchar con esta mente limitada porque afecta nuestra realidad y las sociedades que creamos. Las creencias reproducen realidades. Tenemos un montón de chips que se nos van instalando en el momento en el que empezamos a formar parte de la sociedad, y que en la mayoría de los casos, no cuestionamos. Es por esto que el yoga propone ir más allá de lo que nos imponen, trascender el cuerpo y la mente, observar la respiración, sentir la meditación, dar ese espacio en el cuerpo para trascender la práctica.

La energía que el yoga propone vendría a ser lo que la medicina china llama «yang», o podemos decirle, energía masculina, o pulso emisor.Hay aspectos del yoga ancestral que siguen vigentes, otros van variando al ritmo del mundo actual. Sin embargo, el yoga per sé, las técnicas más radicales del yoga, no se actualizan. Pueden haber variaciones dependiendo de los maestros, pero gira en torno a mismas creencias, técnicas muy similares y posturas irremplazables.Las diferentes formas de encarar las técnicas del yoga cambian con las civilizaciones, las culturas, las diferentes maneras que éstas tienen para desarrollarse. Se avanza y empieza a funcionar algo más actual que la mente, que es lo emocional. Hay investigaciones antropológicas que nos dicen que en algún momento se empieza a desarrollar la consciencia emocional en el ser humano.

Una exploración, el Tantra

A la vez que surgen las técnicas del yoga, empieza a aparecer lo que conocemos como tantra. La palabra tantra significa, según una de sus traducciones, «técnica». Así como la palabra yoga una de sus traducciones es unión, encontramos también que yoga puede significar yugo, es decir algo que ata, algo que une o algo que ahorca, y esa es una de las dualidades que tiene el yoga.Tantra es técnica y su diferencia con el yoga es que el tantra es una filosofía que propone una energía yin, una energía femenina, un pulso receptivo. La «energía femenina” tiene ciertas cualidades; es expansiva, creativa, sin un fin concreto, intuitiva, empática, receptiva. Muy distinta al yoga y su yang: el foco, la determinación, la observación, el testigo. El yoga dice luchar mientras el tantra dice entregarse. El tantra y sus prácticas se adaptan a cada sociedad y así como yogas hay muchos tipos, tantras hay muchas variantes también: El tantra de los budistas tibetanos, que es tantra yoga; el tantra rojo (sexual), el tantra blanco (consciencia emocional). Son diferentes formas de nombrar un trabajo con la misma energía pero con otro foco. El tantra involucra y contempla lo lúdico, lo creativo, lo receptivo, lo sensitivo, que está dentro del propio cuerpo. Propone explorar esos rincones porque entiende que se requiere esos espacio dentro de cada cuerpo para poder sentir. El tantra dice, Si estoy lleno de lo que tengo que hacer, del deber ser, ¿hay espacio para lo que realmente quiere suceder a través mío? El tantra es exploración y tiene todas las cualidades de flexibilidad y creatividad. Sus prácticas varían según las necesidades de cada sociedad y momento histórico.

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