Hay dos cosas importantes que poner de manifiesto respecto a los vínculos: lo que se consensua y lo que se siente equilibrado.

El equilibrio no se trata de tener relaciones 50-50, en donde ambas partes ponen lo mismo en igual cantidad. Eso no es vinculante, más bien es contractual. El equilibrio sucede cuando sentimos que la relación es integrativa y equitativa. Equidad es aquello que nos “empareja”, que nos pone en el mismo carril, nivel, frecuencia. Y para que esto suceda, necesitamos poner en juego el propio deseo y sentir a través de la comunicación.

Hasta aquí nos encontramos ya con por lo menos 3 puntos complejos y conflictivos:

Todos estos son puntos de fricción o encuentro en tanto podamos comunicarnos y consensuar algo con la otra persona con la que nos estamos relacionando.

Consensuar no implica siempre llegar a una democracia vincular. A veces consensuar implica ver hasta qué punto es posible dialogar y cuando ya no lo es, ver cuánto negocio interna o externamente con esa otredad. Lo que creo que necesitamos recordarnos es que la otredad y sus bordes pueden ser respetados sin que eso me implique sometimiento. Esto también es un punto clave: Cuando creemos que el límite que nos pone un otro (o aparece en el vínculo) es algo a lo que tenemos que someternos o acatar, estamos fritxs.

Ahora, ¿Cómo hago para convivir con las diferencias? Podemos nombrar hasta dónde estamos dispuestos a dar, o a sostener una frustración, o qué maneras consensuadas nos permiten sostener ese vínculo o qué me compensa en aquello que no relata mí sentir, pero a lo que estoy dispuestx a elaborar, integrar y sostener porque me interesan otros aspectos del vínculo o del acuerdo.

Lo que es indudable sobre el encuentro con los límites de lxs demás es que pone de manifiesto algo trascendental: el propio deseo.Y es ese el néctar que brota del conflicto, al cual le podemos seguir la pista. Ahí está lo nutricio.

Sería interesante ver de qué maneras revelarnos ese deseo y darle cauce, puenteando las tremendas proyecciones que traemos a lo vincular; que sí, revelan el deseo propio, pero también erosionan los vínculos y nos traen dolor, y muchas veces este relámpago del conflicto nos sume en tal emocionalidad que no le podemos prestar real atención a lo propio que se está poniendo en juego, que es esta pista del deseo que nos quiere llevar hacia sí; muchas veces muy lejos de lo que creíamos que era la vida que queríamos, y otras veces, no tanto.