La importancia del útero relajado

¿Qué significa que las mujeres tengamos los úteros rígidos?

¿Por qué la sexualidad es el mayor tabú de nuestra sociedad?

¿Por qué no vivimos nuestros cuerpos con el gozo y el placer para el que están preparados?  ¿Podemos transformar estas realidades?

Artículo original: Enredando a la mujeres blogspot

Ejercicio 1

La rigidez de nuestros úteros: Estoy segura de que recuerdas cuándo tuviste tu primera regla; te invito, entonces, a profundizar un poco más en tus recuerdos. Tomate el tiempo que sea necesario para reflexionar.

¿Qué te dijeron antes para informarte?

¿Qué te dijeron cuando tuviste tu primera menstruación?

¿Cómo lo viviste? ¿Cómo te sentiste?

¿Qué experimentaste en tu cuerpo?

Antes de tener la primera regla, ¿experimentaste sensaciones físicas desconocidas? ¿Quizá, tu primera ovulación?

Creo que todas hemos tenido experiencias similares.

Algunas, con suerte de haber sido informadas previamente (por amigas o familiares). Otras, viviéndolo como una situación a ocultar, incómoda.

Muchas, sintiendo haber comenzado una nueva etapa en su vida, con emociones mezcladas de felicidad y tristeza al mismo tiempo.

También, pudo aparecer el dolor. O el calor…

¿Qué ocurrió durante los años siguientes? ¿Cómo viviste tus ciclos menstruales? ¿Qué decíais tus amigas y tú sobre ello? ¿Y cómo lo hablabas con tu madre o tu hermana?

“Yo recuerdo haber notado cambios durante ese primer ciclo, sin saber a qué se debían. Recuerdo exactamente la noche en que sentí movimiento en la parte inferior de mi vientre. Me sentí indispuesta, mareada, de pronto tenía calor y al momento frío. Me fui a la cama sin cenar… Y unos días después tuve mi primera regla. La viví con alegría. Me sentí orgullosa de ser mujer. Por fin. Fui consciente de que me estaba haciendo mayor, y eso me gustó. Fue agradable sentir calorcito en mi vulva. Conforme pasaban los años, me sentía cada vez más «bicho raro». ¿No te duele? ¿No te enteras cuando te viene?  No.

Llegué a preguntarme si yo era normal…” 

En mi opinión, no es difícil entender por qué esta función normal de nuestro cuerpo se convierte en una función patológica. Las palabras que utilizamos para mencionar nuestros genitales, nuestra regla, y cómo nos dirigimos verbalmente a nuestro cuerpo, cómo lo mal-miramos y lo mal-tratamos tienen su precio. Si lo comparamos con otros cuerpos, si lo menospreciamos porque otros son mejores (porque hubiera preferido ser un chico), si continuamos creyendo que nuestros olores, fluidos, pelos, arrugas, colores, son extraños, vergonzosos, demasiado mucho, demasiado poco, siempre “mejorables”, nunca podremos aceptarnos. Este tiempo tan corto que es la vida, la pasaremos pensando que nuestro cuerpo no vale, que no nos dará la felicidad ni podremos disfrutarlo hasta que no consigamos cambiar.

Ejercicio 2

Para reconocer tu útero: Si ya vas aceptando tu cuerpo, tus genitales incluidos, ahora vamos a dar un paso más allá. Para saber que tienes un útero, no basta con estudiarlo. Estoy segura de que visualizas con facilidad tu corazón, tus pulmones, tus riñones, tu estómago, y sientes dónde están, su presencia, sus movimientos. Cierra los ojos, si no lo has visto todavía. Pero sentir el útero no es tan fácil, porque nadie nos habló de él. Su presencia está invisibilizada. Ha sido una castración psicofísica en nuestro cuerpo.

Tu útero tiene forma de pera al revés. Olvídate de esas imágenes diseccionadas que aparecen por todas partes. Cierra los ojos y dale volumen a tu útero-pera. Es una bolsita. Es un nido. Blandito, rosado, hermoso.

 Antes de seguir, es mejor que vacíes tu vejiga. La vejiga, cuando está llena, se hincha delante del útero, ocultándolo a lo que vamos a hacer ahora. (Por eso, recomiendan que no hayas orinado antes de una ecografía, para que, gracias a que la vejiga esté llena, pueda verse el útero bien).

Coloca tus manos sobre la parte superior de tu hueso púbico.

Deja el hueso debajo, y sube un poquito los dedos, presionándolos contra la parte baja del abdomen. Si haces el amago de gritar, o si toses, notarás que algo se mueve. Abre bien la boca, mantenla relajada. Si no notas nada, realiza el mismo intento, pero esta vez haciendo que la tos o el grito salgan de golpe, pues así el movimiento es más fuerte.

Para que no te queden dudas, mueve ahora los músculos abdominales.

Notarás que hay diferencia entre el movimiento de la musculatura interna y externa. Y también que, antes, lo que movías estaba a mayor profundidad.

Repite esto tantas veces como te haga falta. Cambia de postura si es necesario.

Y no te quepa duda, estás empezando a sentir la ubicación de tu útero, su dimensión y su pequeño pero intenso movimiento.

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